El Hombre Percha-Malestar de un Hominido

miércoles, 30 de enero de 2013

Los Picos de tu Cuenca Minera-La novela de El Hombre Percha

TODOS LOS MIERCOLES UN NUEVO CAPITULO - PARTE 1-
Aunque yo era extremeño,siempre me he sentido más identificado con la zona norte de la península,entre otras cosas por lo que se refiere a la parte climática.Fue por eso que cuando cumplí los 20 años decidí mudarme a Asturias.Conseguí un piso pequeño cerca de la estación ferroviaria de Oviedo,pagaba unos 50.000 pesetas de factura lo cual me parecía bastante razonable.También era comprensible debido al ruido que hacía los ferrocarriles al pasar por cerca de casa,pues retumbaban el tejado del piso.Desde pequeño me quería dedicar a la Minería,era algo que siempre me había llamado la atención al ver por la tele a esos hombres cubiertos de hollín y con caras largas y una luz que parpadeaba en sus cascos.Ya me avisó mi padre antes de marchar que era un trabajo de gran sacrificio,y que a lo largo de los años acabaría pasandome factura,aunque también;me recordó,que nunca olvidaría la camaradería hecha con el resto de los compañeros.Sabía bien de lo que hablaba puesto que se paso la juventud en una pensión carbayona cerca de su facultad de estudios y uno de los compañeros de pensión era un minero ya entrado en la cuarentena con la salud bastante deteriorada por el efecto del carbón en los pulmones y por el combustible que bebía para comenzar las jornadas en sus gélidas mañana.Aún así yo seguía en mis trece y tampoco tenía nada que perder al abandonar una comunidad que cada vez era más agraria....
Los primeros días fueron duros,sobre todo por los horarios y por el calor de los primeros meses de verano.Quedabamos en una plazuela cerca del parque San Francisco a eso de las 4:30 de la mañana con el capataz y el resto de los compañeros para irnos a Mieres.
Antes de comenzar la jornada desayunabamos lo que allí llamaban un ponche minero,que consistía básicamente en un cazo de orujo para quemar la garganta antes de enfrentarnos a las bajas temperaturas.
A eso de las 12 nos tomábamos un pequeño descanso para tomar un poco de aire,comer unos bocadillos que generalmente traía el capataz.La mayoría de ellos eran de productos de conserva como mejillones,calamares o bocatas de queso o de chorizo,pero después de pasarte 7 horas picando cualquier cosa que te llevases a la boca te sabía a gloria. Cerca de las 2 ya habíamos acabado el oficio.
Los primeros días me suponía todo un calvario llegar a casa pues eramos una cuadrilla llena de hollín y sudor en los monos de trabajo apelotonados en una vieja furgoneta,que albergaba trozos diminutos de carbón después de tantos años entre sus rincones,como sardinas en lata....
Cuando pasaron dos meses empecé a notar los callos del pico entre las manos,el hollín se incrustaba más en las uñas cada vez se me hacía más difícil de sacar y cuando por fin llegaba a casa para ducharme me daba cuenta que cada vez el agujero del desagüe filtraba peor por los recuerdos que le traía de Mieres esparcidos por todo mi cuerpo ahumado y sudoroso.
Cada vez se me hacía más difícil pasar las noches en el piso,sin ninguna compañía o conversación de ningún tipo.A veces bajaba al mesón de la esquina el "Bergidum"los días que no me apetecía hacerme de cenar,pues ponían unas sopas estupendas,que te dejaban el cuerpo asentado para la faena que tocaba al día siguiente o incluso tomarme unos culines de sidra para hacer más llevadera mi estancia solitaria y evitar sollozar por las noches,entre el ir y venir de los vagones y el seno de mi almohada.
Finalmente me decidí a poner unos carteles en busca de compañero/a de piso pues me agobiaba la inmensidad de su pasillo y al menos llegaría a casa con la esperanza de tener una bienvenida en la puerta.
Pasó la semana y finalmente recibí una llamada que me despertó de lo que en un comienzo iba a ser una plácida siesta.
-Hola,mira es que he visto un cartel ...
-Ah sí sí,pues mira es un piso amplio,a 10 minutos del parque San Francisco,tiene dos habitaciones,serían 50.000 pesetas entre los dos...
-¡Ah pues me parece genial!¿Te importa que quedemos  a eso de las 6 y me lo enseñas?Me urge encontrar piso,ya te contaré...
-¡Claro sin ningún problema!Además mañana no tengo que madrugar asi que perfecto.¿Te viene bien quedar en la puerta de la estación ferroviaria,por ejemplo?
-Vale,si me viene genial,además yo ahora me encuentro en una calle cerquita Francisco Reiter¿La conoces?
-No,es que no soy de aquí...
-Bueno no te preocupes,esta tarde nos vemos y hablamos tranquilamente,muchas gracias y un beso
-Nada gracias a ti¿Oye como te llamas?
....
Para cuando quise formular la pregunta ya habían colgado,pero se trataba de una mujer,de eso estaba seguro.Tenía unos 45 minutos para dormir antes de asearme y salir a fuera.
Cuando llegue a la estación por las escaleras el gran reloj marcaba las 6 menos 10.
Estuve dando tumbos entre la estación,el café bar y la tienda de discos hasta que oí de nuevo la voz del teléfono.
-Hola me llamo Helena,¿tu eres el del piso no?
Delante de mi se hayaba una chica de complexión delgada,quizás demasiado,con unos pantalones vaqueros rotos por todos los lados y un jersey a rallas rojas y negras que habría desprendido más de una bola de lana del tiempo que tenia.Unos pómulos pronunciados y una sonrisa de labios rojos que fumaba un cigarrillo,naríz pequeña y algo respingona,que sujetaba unas gafas de pasta negras en las que se escondían dos ojos inmensos verdes que no paraban de pestañear y que a uno de ellos le cubria medio flequillo castaño,ocultando su pelo un gorro gris de lana....

Texto:El Hombre Percha

PRÓXIMO MIERCOLES 2 PARTE

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