El Hombre Percha-Malestar de un Hominido

martes, 5 de noviembre de 2013

Los Picos de tu Cuenca Minera-La Novela de El Hombre Percha-Capítulo 40

TODOS LOS MIÉRCOLES UN NUEVO CAPITULO - PARTE 40- 
Llegó el amanecer y con él la hora de ponerse en pie,y estar otra buena sacudida de horas picando.
Acabas haciendo ya de esa pequeña cueva tu pequeño hogar, y de toda esta rutina tu pequeña historia.
A ver...yo no me quejo en absoluto,porque es lo que quería ser,también sabía que había oficios más agradecidos y otros que menos.Es curioso porque,más que el trabajo que realizabamos en si,lo que más me costaba era levantarme y comenzar a funcionar.Y a veces de mala gana,golpeando de forma brusca el pomo de la puerta,y acompañando a la noche a consumirse en el alba,como la chispa de una bengala.
Te aventuras en la incertidumbre de un nuevo día,en el que si pasa algo fuera de lo normal,probablemente sea malo.Te tapas el frío con la soledad nauseabunda de las calles vacías impregnadas en tu hocico,y caminas a la sombra de la tristeza,la realidad se difumina en tus dedos,pues aún es demasiado pronto,para empezar a vivir.Pero luego llegas a la furgoneta,que a la vez llega a Mieres,que a la vez llega a la beta,y que a la vez llega a tu corazón,una vez el trabajo se da por bueno y ha sido finalizado.Y en esas estaba yo ahora por la calle mayor.Entre en el bar de Mari,a comer y a esperar a Sandra.
-Hola Luis ¿Qué tal el día?
-Bueno,cansadico(bostezaba)pero bien,como un día más.Además tu sabes que yo soló voy a trabajar por la escusa de comerme un buen pucherazo en tu bar.(Sonreí)Tu comida es el mejor fisioterapeuta para mis riñones después de una mañana como esta.
-Si y también de una noche...
Miré a Sandra a lo lejos,y la sonreí.Pero,la sonreí,porque ¿Qué otra cosa podría hacer?.
Cuando vino a poner el mantel se reía.
-Hola,¿Qué tal? ¿Te acuerdas de mi?Perdón por la chapa de anoche.Son cosas que pasan,cosas que me pasan,que dejo que me pasen...
-No te preocupes (Rió) Además estuvo muy bien,tienes una voz bonita con la que ronronear,no preste demasiada atención a lo que decías,entre otras cosas porque no sabía hacía dónde llevaba esa conversación.
-No,son pensamientos.Ya esta.Pedos del diencéfalo(Se comenzó a reír)¡Sí!Son pensamientos dispersos en el ambiente,en un principio inconexos,aunque ya te encargar tú de encontrarles un sentido.
Cuando acabé de comer,ayude a Mari y a Sandra a recoger un poco el mobiliario y nos fuimos para casa.
Me pegué una ducha me cambié las mudas y fui a mi habitación,veía según caminaba por el pasillo a Sandra en su cama,despatarrada y mirando hacia el techo.
-¿Puedo dormir contigo?Le dije entrecortado
-Sí¿Qué te pasa?¿Te ocurre algo?
-Me siento un poquitin solo(le sonreí)Gracias
Me coloqué en el lateral opuesto en el que se hallaba en la cama,me empané entre las mantas,tenia frío en los pies,los ojos nublados y un gran nudo en la garganta.
Se acerco a mi lado,puso sus pies encima de los míos para darme calor y comenzó a acariciarme el pelo y yo cerraba los ojos,y pensaba en lo bien que me encontraba,y a veces los abría,para ver si ella se había quedado ya dormida.
Le agarré una de las manos y comencé a acariciársela,de la forma más tierna que podía,a pesar de mis dedos encallados.Cuando cerraba los ojos,me gustaba pensar,en que hoy no me levantaría solo y esbozaba a medias una sonrisa.La soledad hace al alma lo que las polillas a la madera.También solía cerrar los ojos,con temor a que se me escapase algún esbozo de lágrima.No estaba seguro de si quería dormir o si no quería despertar.Me encontraba mecido entre nubes y arropado,con el alma arropada,no a la intemperie,sino que alguien le estaba echando pomada.Era un niño grande entre sus pequeñas manos.Es una sensación dulce que a veces se empaña si te venían a la cabeza fantasmas del pasado.Pero,las yemas de sus dedos hacían lo posible para que esto no ocurriera,mientras correteaban de un lado al otro por mi pelo,como dos chiquillos correteando entre la hierba del campo un atardecer.Y poco a poco,me fui quedando dormido...

Texto:El Hombre Percha
 PRÓXIMO MIÉRCOLES-CAPÍTULO 41-

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